
El cuerpo que nos fue entregado
En el mes del padre pensé en nuestro gran creador…
ese padre invisible que a cada uno nos entregó un cuerpo diferente.
Algunos nacieron altos, otros pequeños.
Unos fuertes, otros frágiles.
Algunos rápidos, otros lentos.
Hay cuerpos delgados, grandes, inquietos, cansados, sensibles o diferentes.
Y muchas veces pasamos la vida preguntándonos:
“¿Por qué me tocó este cuerpo?”
Pero tal vez la pregunta correcta sea:
“¿Qué debo aprender de él?”
Porque aquello que llamamos defectos…
a veces son señales para descubrir capacidades ocultas.
Tal vez no sean deficiencias, sino maneras distintas de existir.
Cada cuerpo tiene algo especial que vino a enseñar.
Hay cuerpos hechos para abrazar.
Otros para resistir.
Algunos para crear.
Otros para cuidar, escuchar o sanar.
Cuando ignoramos nuestro cuerpo, enfermamos.
Cuando peleamos contra él, se debilita.
Pero cuando aprendemos a escucharlo, comienza a hablarnos con amor.
Si nos tocó un cuerpo enfermo, debemos ayudarlo a sanar.
Si nos tocó un cuerpo fuerte, debemos usar esa ventaja para servir más.
Si nuestro cuerpo es sensible, quizá vino a enseñarnos empatía.
Y si es diferente, quizá vino a recordarle al mundo que no existe una sola forma de ser valioso.
Nuestro cuerpo no es un castigo.
Es una misión.
Una identidad que debemos descubrir y potenciar.
Porque el creador no se equivocó al darnos este cuerpo.
Tal vez nosotros olvidamos aprender a amarlo.
lili Daza Autora
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